Se requiere análisis

con respeto, reconocimiento

y humanidad

Es hora de estimular el logro

y aconsejar ante el error

a través de los medios de comunicación

No es un secreto que Colombia es un país de amores y odios; de polos opuestos donde no hay puntos medios; de crítica desgarrada por el prójimo; de egoísmo, de intereses oscuros y guerras de región….

Un país lleno de bondades por sus recursos, pero que es aprovechado por unos pocos, donde como decía el legendario ciclista “Cochise” Rodríguez, se muere más la gente de envidia que de cáncer.

Esta introducción está inspirada en apenas uno, de los muchos y vergonzantes casos del “periodismo deportivo” nacional, donde frecuentemente se marca una negativa influencia en la actividad física competitiva, gracias a unos pocos seguidores de un estilo periodístico ambiguo y ruin que permite que así ocurra, aunque el 99,9% del país no se de por enterado.

Y es que los triunfos, derrotas, frustraciones, avances y particularmente condición como personas, de buena parte de los deportistas y protagonistas de actividades como el fútbol, pasan por el deshumanizado, caprichoso y disociador micrófono del que algunos llaman “profesor”, que cada mañana se atrinchera en la radio o en las oportunidades que tiene en la televisión, para juzgar sin piedad a personas que luchan para salir adelante y dejar en alto el país.

Comentarios inspirados en el rumor de fuentes clandestinas y con intereses, la chiva, el corre ve y dile, así como el favor para alguien requerido como cercano, han fortalecido el venenoso ADN de un inhumano “comentarista” que le  hace daño a Colombia y a muchos de sus protagonistas, justificando siempre los logros de los nuestros en errores y deficiencias de los demás y no en el esfuerzo propio, tal como se acaba de evidenciar en una nueva clasificación al Mundial.

Es así mismo como un sin fin de entrenadores de selección Colombia y algunos equipos que no tienen comunicación con él;    jugadores de primer nivel y que a diario hacen historia dentro y fuera del país pero que nunca le hablan;    dirigentes, empresarios, especialistas de las ciencias aplicadas al deporte y formadores, se suman a una interminable lista de víctimas de infamias, comentarios desmedidos, parcializados y con versiones de interés, utilizados para rellenar espacios y generar un morbo  que nadie ha enfrentado con valor.

Es hora de recapacitar…   No más amarillismo, autoritarismo, negocio, ni petulancia…   Queremos gente decente dando ejemplo en los medios de comunicación, mucho más cuando se refiera a un tema que como el deporte, busca fomentar una escuela de valores para la sociedad, donde los deportistas con sacrificio se han sabido ganar un lugar, pero que otros con una crítica destructiva han querido dañar.

Una cosa es la censura como hecho poco democrático, pero otro tema es que se acolite la injuria como base del poder, para ganar quien sabe qué clase de beneficios particulares  en “doctores honoris causa de la comunicación y el periodismo”.

Este tipo de personajes tienen micrófono abierto para su reducida audiencia pero sus víctimas no; tienen el verbo sangriento para conseguir su objetivo, pero sus víctimas que por lo general son colombianos generosos, decentes y nobles, no; tienen un medio de comunicación a su disposición, pero sus víctimas no…..

La invitación es para que los colombianos de bien resalten sus valores y los hagan visibles con el trabajo honesto y leal, desde un juicio que haga crecer. Para que emboscadas como las que en más de 50 años de historia de violencia se han hecho en el monte, no se trasladen a los medios de comunicación… Para que personajes que se creen dueños de la verdad no tengan peso... Para que se aprecie al ser humano, se estimule su logro y se aconseje ante su error…
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